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Un destino perfecto para este verano, entre colores pastel, mar azul y ritmos lentos, a un paso de Nápoles.
Hay un momento, cuando llegas a Procida en ferry, en el que todo se detiene. Ante ti se abre un mosaico de casas de colores pastel, escaleras, cúpulas blancas y ropa tendida al sol. Es Marina Corricella, el corazón más auténtico y escénico de la isla. Sin filtros, sin montaje: todo es real, más pintoresco que cualquier foto.
Procida es pequeña, pero tiene un alma fuerte: es la Italia lenta, marinera, auténtica. Aquí no hay grandes hoteles ni caos. Solo barcos, gatos, olor a mar y pescado a la parrilla.
Qué hacer (además de tomarte mil fotos)
Procida se recorre a pie, con calma. Parte de Corricella, explora los callejones sin mapa y sube al Belvedere dei Cannoni para una vista impresionante. Desde allí, baja a la playa del Pozzo Vecchio, también conocida como "la playa del cartero", donde se rodó la famosa película con Massimo Troisi.
No te pierdas la Terra Murata, la parte más alta y antigua de la isla, con la prisión abandonada y vistas increíbles del Golfo de Nápoles.
Cuándo ir y cómo llegar
Procida es preciosa en cualquier época, pero brilla entre mayo y mediados de septiembre. Agosto puede estar concurrido, pero nunca tanto como sus "hermanas" Ischia y Capri.
Se llega en ferry desde Nápoles o Pozzuoli en menos de una hora. Una vez que llegas, olvida los medios de transporte: aquí se camina, se fotografía y se respira.